viernes, 6 de noviembre de 2009

El Grito de los no nacidos Hiere los oidos de Dios...


El grito de los no nacidos hiere los oídos de Dios

Las palabras que acabas de leer querido lector en el titulo de este artículo han sido pronunciadas por muchos cristianos a lo largo de los siglos, desde Tertuliano en contra de la crueldad romana en los albores de nuestra Iglesia, de Felice el apologeta y en la época moderna la madre Teresa de Calcuta en la lucha contra el asesinato de infantes en la India y en el mundo entero.

Hace unos días me sorprendió de gran manera el hecho de que un investigador prestigiado dijera en sus discursos que no entendía por que los Católicos hacíamos tanto ruido en contra del control de natalidad, del aborto, del infanticidio y de la eutanasia, que a fín de cuentas eran costumbres milenarias de muchas culturas y civilizaciones, que no era posible que tantas civilizaciones estuvieran equivocadas ante la única opinión y defensa de la cultura moderna cristiana.
Y si, efectivamente, la antigüedad guarda entre sus costumbres mas barbaries el infanticidio y el aborto como un medio de control de natalidad, la Grecia antigua así como los romanos abandonaban a sus hijos a su suerte en las calles o en el campo quedando al acecho de las fieras salvajes y la intemperie, incluso ellos mismos los dejaban morir de hambre o asfixiaban, también era común ingerir ciertas sustancias para abortar, si, eran asesinos de niños con una civilización supuestamente avanzada pero dueños de una fría tranquilidad de conciencia al matar a sus hijos que la verdad me niego a creer y dejo en tela de duda si sentían o no sentían como padres algún malestar de conciencia. Sin irnos muy lejos hoy en día tanto en China como en India se vive el más atroz y constante infanticidio bajo la excusa de un control de natalidad… ¿las causas? Igual que en la antigüedad, no se deseaba una niña mas, el niño no cumplía con los parámetros de salud física que su gran civilización exigía, era una carga mas no planeada o simplemente en el momento que fuese un estorbo se le desaparecía, pero la principal causa desde mi punto de vista es que el cristianismo a entrado muy poco en esas civilizaciones budistas e hinduistas.

Ante esto querido lector tendríamos que responderle a este Investigador, a su Doctorado y a su conocimiento tan brillante en historia, que efectivamente el Católico cristiano desde hace casi dos mil años hace ruido, intentando ser lo suficientemente estruendoso, para crear conciencia que no es la aprobación de las costumbres por otras civilizaciones ni el que sean mayoría, ni el que sea de uso corriente valores tan inverosímiles, tan contrarios a la vida misma, lo que respaldaría al infanticidio como una opción, es mas gritamos con el suficiente eco que ningún argumento es valido para apropiarnos el derecho a la vida de cualquier ser humano desde su concepción hasta su muerte natural, por que simplemente va en contra del natural anhelo del ser humano de seguir vivo.
Es mas me atrevería a preguntar ¿Quien de nosotros seria capaz de asfixiar sin el mínimo remordimiento a su propio hijo? ¿Quién de ustedes lo abandonaría a su suerte en una banqueta sin sentir ese desgarramiento en sus propias entrañas? ¿Quién de nosotros seria capaz de escuchar el llanto de hambre de uno de estos pequeños y dejarlo morir a la tan usada costumbre de esas civilizaciones antiguas? Si tu respuesta es negativa querido lector es que, efectivamente, tienes un mínimo de bases cristianas, eres parte de una civilización basada en Cristo, que si bien no es la única en el mundo, si es la única lo suficientemente cuerda para defender la vida del infante sin importar su edad o tiempo de gestación, ¿Que somos Soberbios por no pensar siquiera que las demás culturas puedan tener la razón? Solo habría que ver el rostro de mujeres chinas cuando le son arrebatados sus hijos bajo el slogan preferible 10 tumbas a un hijo mas…y tendríamos respuesta, o habría que preguntar a las madres hindúes si han podido olvidar la muerte tan cruel de alguna de sus niñas que tuvieron que dejar morir de hambre por no haber sitio a una dote mas o simplemente por no haber nacido varón.

En efecto, el cristianismo es la total antitesis de la cultura de la muerte, y desde que hizo irrupción en este mundo ha venido cambiando y trasformando las formas de pensar de las culturas paganas, decía Tertuliano cuando hablaba a los paganos sobre la doctrina cristiana, nosotros los Cristianos somos iguales a ustedes en el aspecto que algunos nos casamos y tenemos hijos… la gran diferencia es que nosotros nos los asesinamos como ustedes lo hacen, ni dentro ni fuera del vientre de su madre, ya es ser humano el que esta por nacer, cada fruto tiene en si ya su semilla. Es claro que los Cristianos pensamos totalmente diferente a las civilizaciones infanticidas y al resto de las culturas que tienen o tuvieron estas crueles costumbres, pero también es muy claro ver que no estamos en un error al defender a aquel que no puede defenderse por si mismo, como es el niño nacido y aun no nacido, que no ha sido un error el transformar los valores de un mundo pagano que hacia alarde de Dioses que se comían a sus propios hijos, que denunciamos y denunciaremos los nuevos Faraones o Herodes que aun persiguen a Cristo mismo en el rostro de los niños a los cuales les es impedido Existir.

Aun vibran en mí las palabras de la Madre Teresa de Calcuta cuando responde en una de sus entrevistas sobre la gravedad del aborto y el infanticidio… decía: Si una Madre es capaz de asesinar a su propio hijo, ¿Qué impide que esta humanidad se destruya, que impide que yo mate o usted me mate? Nada… respondía la santa, y su ruego aun se escucha en el mundo entero, no maten a los niños, no los asesinen, entréguenmelos a mi… que estas palabras hagan eco en nuestros labios querido lector, que seamos sensibles ante tanta muerte, que no tenemos un Dios de muerte ni inconmovible, que tenemos un Dios vivo y de vivos, que tomemos conciencia que somos la voz de los que aun no tienen voz, que recordemos lo que ya venían diciendo los padres de la iglesia, los santos de los primeros siglos y los de nuestra era… el llanto de los no nacidos hiere los oídos de Dios