viernes, 17 de diciembre de 2010


HAZTE NAVIDAD

Recientemente leí un bello cuento de Enrique monasterio llamado “Al principio” de su libro de cuentos titulado “El Belém que puso Dios” en este cuento hablaba como Dios le da pinceladas al universo entero, en un tiempo no escatimado en medidas humanas, si no en instantes de eternidad. Poco a poco nos habla este cuento, que Dios tenía en su mente la navidad, la venida de su hijo, y pone todo en su lugar desde el principio, genera luna, estepa y nieve, le da empujoncitos a la estrella de oriente, empieza a hacer un esbozo de la familia de la que había de salir su Madre, elige la ascendencia de los pastores, elige la luz de las estrellas para ver el rostro de su hijo, genera los animalitos perfectos para estar en el pesebre, todo en una sola dirección… todo estaría perfecto para el nacimiento de Jesús, el pequeño niño Dios que habría de salvar al mundo.

Esta bella narración me hizo reflexionar que Dios sigue pincelando el universo para cada uno de nosotros, nos da una familia, amigos, un hermosa Iglesia, comunidad y sobre todo, le dio pinceladas a nuestro corazón desde el principio y desde la eternidad, con la única intención que sea el lugar idóneo para que Dios acurruque en ti a su hijo, en tu pecho, en nuestro pecho, que junto con María este palpite en gozo de poseer al salvador, con su carita iluminándonos el alma y así, los ángeles pueden volver a cantar esos trinos de Gloria, que solo los ángeles celestiales pregonan cada vez que Jesús nace en nuestros corazones, cada vez que permitimos que se abra mil veces más la vida, que por fin permitimos toque nuestras puertas y le dejemos nuestra persona como puerta de par en par esta bella Navidad que muchos solo consideran solo un aniversario.

La Navidad no es solo un aniversario, ni un recuerdo como muchos piensan es más que una tradición. Tampoco es solo un sentimiento. Es el día en que Dios pone un belén en cada alma. A nosotros sólo nos pide que le reservemos un rincón limpio; que nos lavemos bien las orejas para oír el villancico de los ángeles en la Nochebuena; que nos quitemos la suciedad acumulada en mente y alma, que dejemos atrás los rencores acudiendo al estupendo blanqueador de la Penitencia; que abramos las ventanas y miremos al cielo por si pasaran de nuevo los Magos; que son verdad, que existen, y vienen siguiendo la estrella de entonces, camino de nuestro mismo portal. Es ir presurosos como algunos villancicos dicen, es gozarnos en ternura como cuando tomamos la bella manita de un pequeñín que nos mira con alegría y asombro, es hacernos niños y esperar el acontecimiento vida en la más bella fecha de diciembre y esperar ver la sagrada familia de Jesús deteniéndonos un momento en el rostro de los habitantes de nuestra acelerada ciudad.

Aunque tal vez veamos sólo a un matrimonio joven de inmigrantes que acaban de llegar a la ciudad. Que probablemente no traen el burrito, porque la especie está en peligro de extinción (o está siendo usado con pintura a rayas para una foto), sino una carcacha viejísima llamada camión de pasajeros económico que sabe Dios cómo sigue funcionando todavía. No encontrarán sitio en los hoteles, y ella tal vez deberá dar a luz en la misma central camionera. Difícil lo tendrá la estrella para entrar allí cuando nadie le preste ayuda a la pareja y situarse en el corredor sin permiso de la policía municipal que probablemente le arreste por no poder identificarse o por no tener un aspecto agradable sino más bien sufriente.

Si pasan por tu puerta, no les digas que tienes la casa llena de parientes o amigos que no hay espacio. Ellos se conforman con el establo de tu corazón. Ábrelo de par en par, y, como es Navidad, disponte a tomar un champurrado y buñuelos con María. Deja que José te acompañe en las charlas sobre tus hijos, destapa con El buen niño Dios el corcho de las montañas y cerros que te rodean, no permitas castillos de Herodes en tu alma, se tú, si es necesario, un borrico con la oreja rota, los peces para el rio y canta con un racimo de ángeles, que nos enseñarán canciones de cuna para el Niño del pesebre, se tú también para María, para José, para Jesús, para tu Familia, para ti y para todos, se tú y hazte Navidad, bella Navidad.

Sem. Marco Antonio López Alcántar

lunes, 4 de enero de 2010

CRISIS, Tiempo de desicion, Tiempo de cambios



Este articulo querido lector nació a la escucha de una muy interesante homilía que afirmaba el reinado de Dios sobre nuestra historia, afirmaba esta potestad precisamente así: Yahvé, Señor de la historia, inmediatamente me vi tentado a buscar un articulo con este señorío como titulo, pero termine con el que acabas de leer por creer que uno podía perfectamente tocar al otro, dada la importancia que estos momentos que llamamos Crisis en la misma Historia por ello quiero compartir este breve escrito.

La palabra ¨crisis¨ viene del griego, krino con lo cual se entiende en su raíz: Discernimiento, criterio, crítica, criba etc… también el verbo krino evoca a encrucijada, separación, división y decisión. Apoyados en lo anteriormente expresado podemos decir que la crisis es un momento de decisión apoyados en una labor de discernimiento, un momento a lo largo del camino donde debo decidirme por una dirección en una encrucijada. Todo esto te lo comento en este texto por que la palabra ¨crisis¨esta siendo muy usada últimamente si no es que demasiado, crisis económica, crisis epidémica, crisis laboral, crisis nerviosa, crisis mundial etc… todas, con una connotación negativa, como un callejón sin salida, un desequilibrio irreversible donde todo se vendría abajo y nunca utilizada como debería conocerse, como un momento de aplicar cambios.

Aquí quiero recordarte todas las crisis de la historia de la humanidad, de los pueblos, de las guerras, de los desastres, de los sistemas caídos y de nosotros mismos, si, de ti y de mi, que también hemos atravesado por diversas crisis, momentos decisivos donde tuvimos que tomar una opción que resolviera favorablemente o dejarnos perecer ante el declive del sistema utilizado hasta ese momento.

Un ejemplo muy pedagógico quizá sea nuestra historia como Iglesia, hemos de observar a lo largo de su existencia que ante cada crisis que ha amenazado con destruirla, el Espíritu Santo, la ha impulsado a tomar medidas, ha reestructurarse, tomar decisiones de reforma, que le han permitido adecuarse a cada uno de los tiempos y así seguir cumpliendo con éxito la misión que en el mundo le fue encomendada, ir a todas las naciones, llevar la buena nueva de Jesús.

En cada una de las crisis financieras hemos visto como se han obligado las naciones y los sistemas políticos a replantearse una y otra vez sus viejos sistemas, tomar decisiones de cambio para así evitar un colapso. Sin ir muy lejos, nuestras propias vidas, nuestras propias crisis, sean de salud que nos obligan a nuevos hábitos alimenticios e higiene, sean de tipo laboral que nos impulsan a redoblar esfuerzos ante el reto, incluso de orden emocional que nos llevan a dominar nuestro carácter y tomar las riendas de nuestros impulsos, así resolvemos los problemas.

Cada crisis que hemos sorteado nos ha hecho mas fuertes, mas capaces, nos han hecho superarnos, sacar lo mejor de nosotros mismos, cuanto mas grandes han sido nuestras crisis, mayores han sido nuestros logros de superación en todos los ámbitos, aquí querido lector no puedo dejar de mencionar a Yahvé, Señor de la historia que me cautiva, que tiene poder y de nuestros pesares, dolores, problemas y sufrimientos, nos hace obtener siempre, muchos de sus mas preciados dones, capacidades que logramos avistar debido precisamente a estos aparentes caminos tortuosos que al final en Dios nos aportan mil veces mas que los caminos aparentemente fáciles, cómodos, esos senderos que buscamos por no presentar problemas.

Es aquí también querido lector donde me atrevería a invitarte que en caso de presentar alguna crisis en tu vida no te estés lamentando ni preguntándote laceradamente ¿por que a mi? Sino que te preguntes con esperanza, ¿que nuevo don en mi quiere el señor potenciar? preguntarte el ¿para que? Que esto si es importante. De momento las crisis te zarandearan, te humillaran, te doblegaran y harán llover un mar de sentimientos que pareciera te van a ahogar pero también ante la impotencia se presentara el momento ideal para que Dios en tu persona y en el mundo haga su obra. Las crisis desestabilizan desestructura para que pueda emerger una nueva manera de ser, una nueva y mejor coherencia.

Recuerdo que por ahí escuche que la perla es el producto de la molestia que le provocaba a la ostra, un insignificante pero molesto granito de arena que molesta constantemente a la ostra y ante la molestia esta segregaba lo que el día de mañana seria una hermosa perla. Así querido lector deberíamos ver las crisis, ¡como provocadoras de perlas!

La tentación a la que jamás hay que sucumbir, es a la de arrojar la toalla, darnos por vencidos, las crisis mal llevadas pueden llevarnos a años de lamentaciones, pero amigo lector me atrevo y te lanzo la invitación a que conviertas tu obstáculo en punto de apoyo, que tu momento o los momentos de impotencia que vivamos los convirtamos en energías mas fuertes que el mismo Sol, que podamos ver y saborear a este Señor de la historia que no quiere nuestro sufrimiento, sino la potencialibizacion de todas nuestras capacidades para nuestro bien y el de todos nuestros hermanos en Cristo, así que la próxima vez que escuches la palabra crisis, no te asustes ni te lamentes, es el momento idóneo para que un nuevo sistema de cosas positivas aparezca, y que la misma humanidad se supere en Dios, todo en Dios que es amo, Señor de los tiempos, de la Historia.