
HAZTE NAVIDAD
Recientemente leí un bello cuento de Enrique monasterio llamado “Al principio” de su libro de cuentos titulado “El Belém que puso Dios” en este cuento hablaba como Dios le da pinceladas al universo entero, en un tiempo no escatimado en medidas humanas, si no en instantes de eternidad. Poco a poco nos habla este cuento, que Dios tenía en su mente la navidad, la venida de su hijo, y pone todo en su lugar desde el principio, genera luna, estepa y nieve, le da empujoncitos a la estrella de oriente, empieza a hacer un esbozo de la familia de la que había de salir su Madre, elige la ascendencia de los pastores, elige la luz de las estrellas para ver el rostro de su hijo, genera los animalitos perfectos para estar en el pesebre, todo en una sola dirección… todo estaría perfecto para el nacimiento de Jesús, el pequeño niño Dios que habría de salvar al mundo.
Esta bella narración me hizo reflexionar que Dios sigue pincelando el universo para cada uno de nosotros, nos da una familia, amigos, un hermosa Iglesia, comunidad y sobre todo, le dio pinceladas a nuestro corazón desde el principio y desde la eternidad, con la única intención que sea el lugar idóneo para que Dios acurruque en ti a su hijo, en tu pecho, en nuestro pecho, que junto con María este palpite en gozo de poseer al salvador, con su carita iluminándonos el alma y así, los ángeles pueden volver a cantar esos trinos de Gloria, que solo los ángeles celestiales pregonan cada vez que Jesús nace en nuestros corazones, cada vez que permitimos que se abra mil veces más la vida, que por fin permitimos toque nuestras puertas y le dejemos nuestra persona como puerta de par en par esta bella Navidad que muchos solo consideran solo un aniversario.
La Navidad no es solo un aniversario, ni un recuerdo como muchos piensan es más que una tradición. Tampoco es solo un sentimiento. Es el día en que Dios pone un belén en cada alma. A nosotros sólo nos pide que le reservemos un rincón limpio; que nos lavemos bien las orejas para oír el villancico de los ángeles en la Nochebuena; que nos quitemos la suciedad acumulada en mente y alma, que dejemos atrás los rencores acudiendo al estupendo blanqueador de la Penitencia; que abramos las ventanas y miremos al cielo por si pasaran de nuevo los Magos; que son verdad, que existen, y vienen siguiendo la estrella de entonces, camino de nuestro mismo portal. Es ir presurosos como algunos villancicos dicen, es gozarnos en ternura como cuando tomamos la bella manita de un pequeñín que nos mira con alegría y asombro, es hacernos niños y esperar el acontecimiento vida en la más bella fecha de diciembre y esperar ver la sagrada familia de Jesús deteniéndonos un momento en el rostro de los habitantes de nuestra acelerada ciudad.
Aunque tal vez veamos sólo a un matrimonio joven de inmigrantes que acaban de llegar a la ciudad. Que probablemente no traen el burrito, porque la especie está en peligro de extinción (o está siendo usado con pintura a rayas para una foto), sino una carcacha viejísima llamada camión de pasajeros económico que sabe Dios cómo sigue funcionando todavía. No encontrarán sitio en los hoteles, y ella tal vez deberá dar a luz en la misma central camionera. Difícil lo tendrá la estrella para entrar allí cuando nadie le preste ayuda a la pareja y situarse en el corredor sin permiso de la policía municipal que probablemente le arreste por no poder identificarse o por no tener un aspecto agradable sino más bien sufriente.
Si pasan por tu puerta, no les digas que tienes la casa llena de parientes o amigos que no hay espacio. Ellos se conforman con el establo de tu corazón. Ábrelo de par en par, y, como es Navidad, disponte a tomar un champurrado y buñuelos con María. Deja que José te acompañe en las charlas sobre tus hijos, destapa con El buen niño Dios el corcho de las montañas y cerros que te rodean, no permitas castillos de Herodes en tu alma, se tú, si es necesario, un borrico con la oreja rota, los peces para el rio y canta con un racimo de ángeles, que nos enseñarán canciones de cuna para el Niño del pesebre, se tú también para María, para José, para Jesús, para tu Familia, para ti y para todos, se tú y hazte Navidad, bella Navidad.
Sem. Marco Antonio López Alcántar

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